6 de julio: Charla Informativa sobre Bullying

Les recordamos que en el día de hoy se llevará a cabo a las 17:00 hs. en nuestra Casa de San Luisa la Charla Informativa: “El bullying, un laberinto de terror adolescente.” Cómo detectarlo, prevenirlo, su origen y posibles consecuencias. La entrada es libre y gratuita.

La charla estará a cargo del investigador Gustavo Lencina, autor del libro “Del bullying al asesinato” y que actualmente forma parte del Proyecto Faro de la Universidad de La Plata y Fundadeps que trabaja sobre la crisis en pre-adolescentes y adolescentes.

Gustavo nos respondió las siguiente entrevista que merece ser leída con atención para comprender mejor la problemática:

¿Qué factores consideras que están influyendo para que en este último tiempo haya aumentado la cantidad de casos de Bullying?

Son muchos y de todo carácter. Creo que tiene que ver lo social, lo económico, la formación familiar y la manera en que se canalizan las frustraciones. Por una cuestión de síntesis veamos de dónde viene el chico agresor. Todos forman parte de la “escena bullying”: el agresor, la víctima, los cómplices y los testigos, pero en este segmento hablemos del agresor.

Lo que tenemos más a mano, o sería, lo que podríamos trabajar cada uno, tiene que ver con la contención familiar. La gente está muy angustiada, en todos los estratos sociales. El vínculo afectivo está muy contaminado de esa angustia. Entre los más pobres suele ocurrir que muchos padres son demasiado jóvenes, han estado o están presos, arrastran adicciones (siempre estamos hablando de los hogares de los chicos agresivos), tienen conductas violentas o desesperadas; los padres de clase media viven en crisis constantes. Muchas veces hablamos de parejas virtualmente separadas que siguen conviviendo porque no pueden resolver el tema vivienda desde el punto de vista económico. Por supuesto también las drogas están presentes, el descuido, la mala alimentación; la solución pronta y fácil de dejar al chico entregado a una pantalla de video-juegos mientras se intenta resolver la vida. En cambio los de clase alta, si bien viven una vida carente de sobresaltos económicos, probablemente absorban la paranoia de sus mayores con respecto a que “toda la sociedad es el enemigo/todos quieren quitarnos cuanto poseemos”. Esto lanza al chico, al adolescente a una sensación de “superioridad amenazada”, algo que hay que defender a cualquier precio.

La sensación de falta de futuro es algo que afecta a todos. A eso hay que sumarle la exacerbación de la violencia que se vive a través de los medios, la frustración, el miedo, y ya tenemos a un chico -de cualquier estrato económico- pasado de estrés y cargado de ira, buscando sobre quién descargar su violencia. Así empieza. Obviamente en la búsqueda de alguien débil o diferente para agredir está escenificando el odio que siente ante si mismo al percibirse indefenso.

¿Pensas que siempre existió o se conoce mas ahora por la difusión del tema?

Está lo que está, y ya es demasiado. Por supuesto en esta época los medios de comunicación amplifican la información de todo lo que está pasando. Esto sirve para que se sepa, actúa a modo de denuncia anónima y colectiva. La contracara es que hace que determinadas conductas se pongan de moda. Nuestra tarea (una de nuestras tareas) es revertir este efecto negativo utilizando los medios para saturar de información preventiva o, llegado el caso, que la persona afectada tenga a quién acudir fuera de su entorno más cercano.

¿Cómo podemos ayudar, como sociedad, a un chico que se encuentra en una situación de bullying?

Las palabras claves son: “atención” y “difusión”. Escucharlo es clave, tener el coraje de intervenir. Apuntar, esto es importante, a los chicos que ofician de “testigos pasivos” o “cómplices” frente a la situación de bullying. Si no hay testigos no hay acoso. Si hay rechazo del entorno el agresor retrocede porque lo que quiere es lucirse, ser admirado y temido por su conducta. Todo es para quienes están cerca. A nivel social es importante difundir el material: comentarlo, hacer circular folletos y videos, difundirlo en las redes sociales. Como dije antes, usar la saturación de información de manera positiva. Que la víctima o los testigos de la situación sepan adónde acudir: teléfonos, links, etc.

Muchas veces los chicos, por vergüenza, no cuentan por lo que están pasando. ¿Qué recomendaciones darías a los papás para que puedan detectar a tiempo?

Por parte del chico agresor el cambio de conducta va a ser similar al que vive un adicto a cualquier droga. Porque le chico de alguna manera está desarrollando una adicción hacia la persona que maltrata. Es un juego enfermo que lo pone en un espacio de poder y lo ayuda a escaparse de su realidad. Entonces se va a obsesionar con la víctima. Sobre todo ahora que los espacios de encuentro se han multiplicado virtualmente. Ya no existe el descanso que significaba no verse fuera del colegio. Ahora el acoso sigue a través de las redes sociales, los grupos de whatsapp, instagram, etc. Ese chico adicto/agresor, va a bajar su rendimiento escolar, no comer ni dormir bien; y probablemente desarrolle conductas más agresivas que de costumbre, se muestre hiperexcitado. En caso de confirmarse que efectivamente está acosando o formando parte de un grupo de maltrato a un compañero es necesario actuar con firmeza y decisión. Porque, más allá de lo que le esté provocando al otro, está haciendo un enorme daño a su propia psiquis. Impulsando una escalada de violencia que nadie sabe dónde puede terminar.

El chico “víctima” por otra parte comienza a manifestar un estrés extremo. Angustia, apatía, desconcentración. Están infligiendo un daño terrible a su autoestima y, lo peor, en un punto puede llevar a convencerse de que lo merece. Esto es normal. Es una manera de autodefensa, de intentar conectar “empáticamente” con su agresor para ponerse a salvo. Pero los síntomas no tardarán en agudizarse: mal sueño, enfermedades psicosomáticas. Es necesario también actuar con firmeza y decisión y, llegado el caso, no vacilar en cambiarlo de colegio para luego trabajar en la reconstrucción de su autoestima. Hay que despojarse aquí de las cuestiones de orgullo y hasta de esa sensación de injusticia (que por otra parte es real). Lo primero es sacar al chico víctima de ese infierno, ponerlo a salvo y darle descanso. Y que no sienta vergüenza, que no se sienta un cobarde. Hacerle entender que fue víctima de una situación social cuya solución puede llevar demasiado tiempo y que lo que urge es reforzar su bienestar.

Agradecemos a Gustavo Lencina por darnos la oportunidad de difundir el tema para que todos tomemos conciencia de esta problemática.

Las siguientes imágenes fueron cedidas por Proyecto Faro – UNLP; FUNDADEPS- y forman parte de una serie de ilustraciones que conforman la historieta que será reproducida esta tarde.

Captura de pantalla 2016-07-04 a las 9.54.52 p.m.Captura de pantalla 2016-07-04 a las 9.55.33 p.m.Captura de pantalla 2016-07-04 a las 9.56.14 p.m.Captura de pantalla 2016-07-04 a las 10.08.12 p.m.

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